Tales of the Young States

Pelea en la taberna

Los guardias os escoltan por el pueblo hasta la torre de la guarnición. Sabéis que el gobernador de la zona se aloja en esa misma torre, probablemente en las plantas cuarta y quinta. De la primera a la tercera viven los soldados, y los calabozos y los establos se encuentran bajo tierra en dos plantas. La torre tiene un pequeño recinto amurallado con un patio de armas. Las murallas se extienden desde allí rodeando el pueblo.

Los guardias abren la puerta del calabozo a Brandon, Gam y Ganram, y les indican el camino. En algo valoran que hayan defendido a uno de los suyos, aunque sea en una pelea de taberna. Mientras, les explican a Sandar y Mayo que deben esperar al sacerdote para que expíe los pecados de sus compañeros. Ni a Mayo, un chamán, ni a Sandar, un mago individualista, les hace mucha gracia esta idea, pero deciden dejar la situación en paz.

Media hora más tarde, aparece un hombre con una túnica negra atada con un cinturón rojo. Es un sacerdote de Azot, el avatar más venerado del Hombre Desollado. Azot se ha encarnado varias veces entre los hombres, según las escrituras, para realizar sacrificios de piel y sangre que les ha salvado de la destrucción. Los sacerdotes de este dios tienen a menudo numerosas escarificaciones y cicatrices rituales. Sus poderes más grandes se manifiestan en momentos de gran peligro, a costa de destinos más crueles que la muerte. Este sacerdote parece bastante joven, alrededor de los 30 años. Su cara y sus manos están intactos, pero por los pliegues de la túnica podéis distinguir parches de piel quemada que contrastan con la ligera sonrisa de su cara.

Los guardias abren la puerta, y el sacerdote se para en la puerta de la celda. “Dejad que estos pobres ingratos(1) reciban también la gracia de la confesión”, dice, señalando a Mayo y a Sandar. “Y volved a la puerta de las celdas. La confesión debe compartirse solo por los pecadores. Ah, y llamad a la jefe de exploradores, Kimalki se llama, ¿no? Decidle que baje a tomar registro de la pelea”. Una vez los pasos de los guardias se amortiguan en la distancia, la sonrisa beatífica del sacerdote se abre en un gesto más amable y cercano.

“Perdonad por mis modales. Soy Zumchalik. Mi señor Azot ama a ingratos y fieles por igual. Pero vayamos al grano; tenemos poco tiempo. Tú eres ése que llaman sus ojos, ¿verdad? Veo que llevas los colores de su librea en tu amuleto”, dice mientras señala el colgante de plumas azules y amarillas de Sandar, a lo que éste responde asintiendo lentamente. “Me alegro de que hayáis llegado, pero, a juzgar por vuestro retraso, el mensajero que envié no llegó a su destino”. Se sienta en un taburete mientras se frota la frente. “No puedo asegurarlo a ciencia cierta. No hay ningún indicio sólido: este pueblo mantiene las tensiones típicas de un linaje orgulloso que se ve sometido a los Cinco Pilares. Nada que no hayamos visto y resuelto muchas otras veces. Al principio surge la rebeldía, crecen las protestas, pero a la larga los habitantes locales ven la ventaja de contar con nuestro apoyo. Pero aquí todo se tuerce. Por una parte, las cosechas que antes eran abundantes ahora escasean. El gobernador se empeña en recoger más grano del que debe, poniendo su orgullo por encima del beneficio de esta gente. Los rebeldes se vuelven cada vez más taciturnos, en vez de apaciguarse. Las bestias salvajes invaden los campos con más fiereza de la que solían, quizá por el hambre. ¿Que podría ser casualidad? Sí, podría. Pero no me lo creo, y os necesito para averiguarlo”.

Zumchalik suspira. “No tengáis prisa. Buscad trabajo en las granjas ahuyentando a las grandes ratas(2). Hablad con los locales, a ver si os dicen algo a vosotros; con nosotros no quieren hablar, hasta los que nos aprecian. No os fiéis de nadie, salvo de la jefe Kimalki y de mí. Tiene órdenes de acerarse a vosotros si os metéis en problemas. Ah, y no intentéis salir del pueblo por el momento. Por si acaso. Qué oportuno, ya vienen los guardias”. Levanta la voz en ese momento, recitando plegarias de Azot e increpándoos como si fuerais niños pequeños. “Y seguid las guías de nuestro señor. Su amor es ilimitado, como lo es su aprecio por los sacrificios. Guardias, devolvedles sus cosas. Las necesitarán para buscarse un jornal y volver a la rectitud”, vocea con tono paternal mientras se aleja de la celda.

“Bueno, como cortesía del gobernador esta noche dormiréis en la celda”, os dice uno de los soldados mientras esboza una sonrisa socarrona. “No os preocupéis, no vamos a cerrarla. Os traeremos mantas para todos, que no se diga que tratamos mal a los visitantes. Aunque los jergones de paja son algo incómodos, je je je”. Mañana será otro día…

(1) En un mundo donde los dioses se dejan ver, no tiene sentido hablar de “incrédulos”. Los sacerdotes de los Cinco Pilares se refieren a aquellos que no los veneran como “ingratos”, ya que creen que toda la creación tiene su origen en sus dioses.

(2) Las “grandes ratas” son animales del tamaño de un lobo pequeño, emparentadas con las ratas de ciudad, depredadores carnívoros de esta parte del Imperio.

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El viaje en carreta

Cuando Tokemai me propuso este trabajo, el malnacido no me comentó que me entregaba el Sexto Pilar… Un grillo, un oficial venido a menos y un charlatán nekotemala. Los Patrones me guarden. Además, nos ha largado en una carreta durante diez días a Potz Chibi, para vigilar al inútil del gobernador. Seguramente tendrá alguna querida que mantener en el pueblo de al lado.

En fin, el viaje no ha sido muy emocionante. A mitad del viaje el grillo también ha visto las botas del cadáver en el bosque. Vamos, cadáver; dudo que alguien duerma la siesta junto a un camino cuando pasan las carretas. Yo soy sólo un apoyo, así que sí él no quiere investigarlo no seré yo quien me empeñe. Otra noche, uno de los mozos insisitía en que veía luces en un monte lejano. Si estuviésemos en campaña, aún me preocuparía, pero en este lugar perdido no creo que ningún ejército de labriegos nos embosque con horcas y azadas.

El único momento extraño del viaje llegó la mañana del día de nuestra llegada. Siguiendo el rastro de una columna de humo, el equipo seguimos un pequeño camino secundario hasta una casa que alguien había querido incendiar, o al menos con un fuego que alguien no se había molestado en apagar. Lo extraño del caso es que no había ni rastro del habitante de la cabaña. El oficial descubrió un rastro de sangre desde la parte delantera de la casa al camino principal. Aunque nuestro cometido es observar y no intervenir, no puedo dejar de pensar en qué habrá sucedido en esa cabaña. Quizá encontremos las respuestas mañana en Potz Chibi.

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Conociendo al patrón
¡La aventura comienza!

En el pequeño recibidor, el ayudante de cámara grasz de Tokemai Naker de la casa de “Escudos en Alto” baja lentamente las escaleras. El clan Naker no es un clan especialmente importante dentro de su casa, ni la casa de “Escudos en Alto” tiene una excesiva influencia. Pero el joven Tokemai, a sus 27 años, ya ha conseguido rodearse de una “banda” muy solvente financiada exclusivamente con los propios medios bajo su control. Estos medios incluyen principalmente tierras dispersas, un par de servicios de vigilancia en villas cercanas, y un relevante servicio de postas que, según se dice, empieza a transportar más que grano e hidromiel, y a resultar tan peligroso como necesario. El ayudante de cámara, Szaklafi, fue uno de sus primeros sirvientes, y muchos opinan que ya es más un socio y un amigo que un simple empleado. Él fue quien, directa o indirectamente, ha contactado con cada uno de vosotros. Sus ojos amarillos os observan con detenimiento mientras entra en el recibidor. Tras unos segundos, os anuncia, “Ya podemos subir”.

Tras recorrer la angosta escalera y traspasar el dintel picudo de estilo Segundo Cisma, el mismo Tokemai os invita a pasar a la habitación. Situada en un octavo piso encima de una pequeña colina, goza de una excelente vista sobre la ciudad de Bagtan.
Más allá de los muros del barrio, los farolillos de los “modestos” se mueven como luciérnagas entre las puertas brillantes de las tabernas. La casa de “Escudos en Alto”, como el resto de casas, mueve los muros cada 10 o 15 años según crece o disminuye su poder. Dentro de la habitación, os llama la atención el olor a incienso de gumutai, denso y pesado, que enmascara casi por completo otro olor, menos agradable, que no podéis identificar. En la habitación se distribuyen varios reclinatorios formando un círculo, en cuyo centro se ha dispuesto una mesa con una escultura religiosa de Anangatur, un avatar poco conocido del Hombre Desollado, en forma de ciervo con patas de ave y melena de león. Una cortina en rombos azules y amarillos, la librea de la casa, que presumiblemente separa el dormitorio del resto de la estancia. No obstante, os intriga mucho más otra cortina gris, en la pared más lejana de vosotros, justo enfrente de la cual se ha situado Szaklafi.

Tokemai se dirige a un reclinatorio especialmente ornado mientras señala al resto con la mano en un gesto indiferente:

- Sentaos donde queráis.

Tras sentarse cuidadosamente en el reclinatorio, dedica un momento a observaros mientras esboza una sonrisa.

- Así que éstos son los nuevos, Szaklafi… Desde luego, no te pago en vano. En fin, vayamos al grano. Tengo un problema, y espero que vosotros podáis ayudarme. Mis ingresos en la marca de Potz Chibi está disminuyendo. Por si fuera poco, el correo que envié el mes pasado aún no ha vuelto. Quiero que os hagáis pasar por cazadores en busca de empleo, hagáis un informe y volváis con la información. Os acompañará un mago de mi confianza, Sandar Kemchuk. Protegedle mientras recopila los datos necesarios. Dudo mucho que haga falta recurrir a la confrontación, pero uno nunca sabe a lo que se puede enfrentar – termina mientras entrecierra los ojos y sonríe enseñando los dientes.

- Y bien, ¿alguna pregunta?

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